En la tarde noche del día 9 de octubre, el salón de actos de la Asociación Nuevo Surco, en La Rosa, se encontraba totalmente lleno. Nos habíamos congregado allí para celebrar un emotivo homenaje a una persona del barrio de La Rosa, que nos dejó hace algo más de tres años: Máximo Pérez Tejera. Para todos Simo.

El acto comenzó con una pieza musical a cargo de la Parranda Seis y Media e inmediatamente después, el maestro Berto se dirigió a todos agradeciendo la presencia del numeroso público que se congregó en la sala y a los familiares del homenajeado, para continuar alabando la labor de Simo en el seno de la Asociación Nuevo Surco: “Hoy la Asociación Cultural se siente orgullosa de poder reconocer a Simo la trayectoria desarrollada como socio fundador de nuestro Centro y su aportación en el desarrollo constitucional del mismo, junto a todos los socios y fundadores. Gracias Simo, por aportar tu granito de arena en bien de Nuevo surco, del barrio de La Rosa y del municipio que te vio nacer”.
Continúa Berto dirigiéndose ahora a Simo, en su ausencia: “Este encuentro es para recordarte en todos los buenos momentos compartidos y que formaron parte de nuestras vidas… Echamos en falta tu presencia, pero todos sabemos que más allá de las claras auroras y por encima de la blanca espuma de las olas, de transparentes mares, teñidos de caprichosos colores, viajas tú, descubriendo nuevos horizontes, que te regalarán otros momentos apasionantes, diferentes a los aquí vividos. Amigo Máximo, espero que hoy interrumpas por unos momentos tu viaje por esos espacios de infinitas auroras y te acerques con tu barca navegando hasta aquí, por encima de las crestas espumosas de las aguas del mar que tanto abrazaste. Acerca tu barca hasta aquí, haz un alto en tu interminable travesía y busca entre nosotros tu silla, escoge la que más te guste para que disfrutes de este humilde acto que hemos preparado para ti. Después, te dejaremos seguir en tu barca, en tu infinito viaje a tu nueva morada tras del sol, pero no olvides dejar abiertas las puertas y ventanas, para que, cuando nos toque pasar por allá, volver a encontrarnos y organizar de nuevo alguna que otra fogalera. Por favor, Simo, ten siempre encendida la luz de tu morada”.
Después de la proyección de un corto video inspirado en numerosas fotos y textos de Simo, intervino Mercedes Barrera haciendo una semblanza biográfica del homenajeado y describiendo, con anécdotas y recuerdos, su visión como alumna suya que fue y como compañera de la pandilla de jóvenes de La Rosa a la que ambos pertenecieron.




Compartió con los asistentes algunos datos de sus primeros estudios, del instituto y los comienzos en el magisterio como maestro en la Casa del Niño, en Gran Canaria, un hospicio dirigido por religiosas para niños vulnerables, que le marcó definitivamente en la forma de ver la realidad y su sentido de la justicia. También de su labor como enseñante en el primer colegio de EGB creado en Villa de Mazo, en la Casa de D. Alonso, donde ella, siendo su alumna, sintió a un D. Máximo cercano, que “nos prestó sus alas y nos enseñó que podíamos volar más allá de los límites de nuestro pueblo, que cada uno de nosotros tenía una vida ilimitada por descubrir y que para conseguir sueños y metas era importante estudiar”.
Nos relata cómo eran sus clases, las técnicas que utilizaba y la pasión que sentía por las matemáticas, pero también lo hace sobre el maestro joven que comparte con los compañeros y amigos de La Rosa aventuras, correrías y fogaleras.
Lo recuerda como “un luchador, indómito y siempre batallando por unos ideales de justicia y libertad. Nunca lo hicieron callar y siempre alzó su voz para denunciar aquello con lo que no estaba de acuerdo”, porque, algo que lo caracterizó, nos dice Mercedes, fue que “nunca olvidó sus raíces, su pueblo y por él se enfrentó, cual don Quijote con lanza en ristre, ante los atropellos que él consideraba que se estaban cometiendo contra el patrimonio del casco del pueblo con la acometida de levantado de las calzadas…” y termina con unos versos que el poeta Miguel Hernández había dedicado a su fallecido amigo Ramón Sijé:
Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.
A las aladas almas de las rosas…
del almendro de nata te requiero:
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma compañero.
Uno de los jóvenes, que compartió tiempo y espacio en aquellos años de juventud con Simo, fue José Luis Martín Teixé, que intervino a continuación para leernos una de sus composiciones poéticas, en forma de décima, que le dedicó, y que dice así:

Pedro Luis Pérez, compañero de estudios desde chico y de correrías ya un poco más crecidito, hizo un repaso de las locuras de juventud en común, de los tiempos compartidos, de sus encuentros y desencuentros, pero manteniendo siempre la admiración, el respeto y la amistad que mantuvieron a lo largo de los años, porque, según él, siempre prevaleció la convivencia por encima de las diferencias, al igual que opina sobre la Asociación Cultural Nuevo Surco: “el éxito de Nuevo Surco, es en gran medida, hijo de la convivencia entre discrepantes”.
Anécdotas y cuentos del carburo y la maduración de los plátanos junto a la tabaquería de Pinto, la bicicleta para ir y venir por carretera de noche y de día, el coche de Simo, la guagua de Ibrahim, o los salones de baile, los estudios en academia e instituto, etc., fueron dando paso, para terminar, a la lectura de dos décimas de cosecha propia:

Finalizó el acto con un momento emotivo en el que los miembros de la directiva de nuevo Surco dieron un paso al frente hasta colocarse junto al escenario para hacer entrega de una pequeña placa, como testimonio de cariño y homenaje hacia Simo, que recogen su viuda Fefita y su hijo Fabián. En nombre de la familia, fue este último quien pronunció unas palabras de agradecimiento por este sentido homenaje que se le había tributado a su padre.




Como epílogo de esta fraternal velada, la música de la Parranda y una cena preparada con maestría por Nuevo Surco, culminaron este homenaje: “In memoriam” Simo. Recuerdo de los días felices de “La fogalera”.











