Luisa Rodríguez García, más conocida como Luisa Moda, nació en 1881, en El Morro, cerca de la ermita de San Isidro de Breña Alta. En las primeras décadas del pasado siglo vino a vivir con sus padrinos que estaban mayores y no tenían hijos, en la parte alta de La Rosa, en el municipio de Villa de Mazo. Luisa heredó las propiedades que ellos poseían y en la vivienda familiar continuó residiendo hasta su fallecimiento en 1969.
Se casó con Juan Batista Rodríguez, procedente de Breña Baja y aunque el matrimonio no tuvo hijos, cuando falleció Andrea Manuela, hermana de Luisa, con apenas treinta años, se hizo cargo de cuatro de sus hijos: María, Gabino, Lucas y Nieves. Los trajo a su casa y los crio como si fueran suyos. Otro de los hermanos, el más pequeño, ya había fallecido cuando era niño.

Luisa vivió en esta casa de campo, situada entre la Cancela del Camino de La Faya y la Montaña de Espicia. A ella se accede desde el Camino Real (GR-130) por una cuesta de ligera pendiente empedrada a la antigua usanza. Era una casa grande para la época, rodeada de muchas huertas, con varias dependencias anejas y con un horno de leña muy grande integrado en la cocina.
Es probable que en el sitio ya existiera una panadería antes de que Luisa llegara a La Rosa, pero fue ella la que le dio el impulso necesario a la actividad que allí se generaba para que alcanzara la fama que llegó a tener y convertirse en referente de buena repostería en toda la zona.
Junto a la casa tenía un gallinero grande porque necesitaba muchos huevos para la repostería que hacía. Cuando no los gastaba todos los vendía o los regalaba a vecinos necesitados. Los sobrinos colaboraban en su cuidado y en todas las faenas de la casa y las huertas. Cerca de la casa también tenían un pequeño huerto que tenían muy aprovechado para el cuidado de plantas medicinales y las aromáticas que se usaban en la cocina.
En esta panadería Luisa Moda fue la primera en hacer roscas de Navidad en toda la comarca, aunque también hacía pan, rosquetes grandes duros, marquesotes, almendrados, bollos dulces, merengues, mantecados, rapaduras, bizcochones y galletas. A estos productos habría que añadir las mistelas que también vendía en el mismo lugar. Sin embargo, la rosca era el producto más destacado y esperado en las fechas navideñas.

La rosca es una especie de pan dulce en forma de corona circular de entre 30 y 40 centímetros de diámetro, con adornos florales en su superficie hechos con la misma masa. Se presenta en tres formatos, pequeña, mediana y grande, pero la preferida por los consumidores siempre ha sido la de mayor tamaño porque parece que no se seca tanto. Aunque los principales ingredientes son la harina de trigo, la manteca y el azúcar, la receta siempre ha sido un secreto que Luisa guardó celosamente y que solo compartió, por razones de trabajo, con algunas personas que tuvieron contacto como ayudantes o aprendices en esta panadería y que luego continuaron haciéndola en sus casas.
Es probable que esta receta apareciera en el municipio de la mano de alguna de las familias llegadas aquí por razones laborales, dícese veterinario, médicos, guardia civil o maestros/as, etc., que la trajeron de algún lugar de la península y aquí se fue transmitiendo a partir de Luisa Moda a otras dulceras como Esperanza Reyes y Petra Rodríguez Méndez (a. Petra Chíchara) que hacían estas roscas de Navidad y vendían en el núcleo urbano de Villa de Mazo. Maruca Chíchara continuó las buenas prácticas de repostería de su madre Petra y en la actualidad las siguen haciendo sus hijas Belén y Pilar, pero de forma testimonial, para que no se pierda la tradición familiar.

Luisa era una mujer de carácter decidido. Luis Martín, su sobrino nieto, nos cuenta que algunas veces daba una patada en el suelo y decía » ¡Aquí mando yo!». Quería que sus sobrinos trabajaran, que fueran diligentes y ordenados, en el convencimiento de que «hay que guardar de comer pero no de hacer», porque había mucho trabajo y se sentía responsable de la mucha gente que había que cuidar en la casa.
Juan Batista, trabajaba en el campo y ayudaba en algunas labores de la panadería. En una mula y una yegua que tenía, llevaba el trigo y centeno que cultivaba él mismo a la molina de La Rosa, para que su mujer trabajara la harina resultante en su panadería.
También trabajaban en las labores de la casa y en la panadería las sobrinas de Luisa: María Nieves, casada más tarde con Santiago Batista (a. Santiago Cucurucho), y se fueron a vivir a Venezuela, y María Martín, que unos años después de estar con su tía, volvió de nuevo a San Isidro con su padre, que se había vuelto a casar y tenía otros cuatros hijos. Gabino trabajó en el Ayuntamiento y luego emigró a Venezuela y Lucas se quedó en la Rosa, donde siempre trabajó las tierras de la familia.

También participaba en esta empresa Isidro, el tijarafero casado con Demetria, que tenía una burra negra con la que repartía el pan por los barrios cercanos y Sotera Díaz Hernández (Vita), que con 14 años, comenzó a trabajar con Luisa Moda porque su padre, Pedro «Pestana», que tenía un barco en La Bajita era amigo de Juan Bautista. A partir del año 1939 Vita se quedó a vivir en la casa de Luisa y años más tarde se casó con uno de sus sobrinos, Lucas Martín, dejando descendencia.
Después del fallecimiento de Juan Batista en 1952, la panadería dejó el trajín diario, pero Luisa siguió trabajando algunos fines de semana y de manera puntual para algunos encargos y compromisos familiares, pero ya nunca fue lo mismo.
En La Sabina, Julio González también hace estos productos de repostería en el horno de leña que tiene en su casa. Es quizá el único sitio de Villa de Mazo donde se elabora para su venta la tradicional rosca de Navidad en la actualidad.
Otras personas con conocimiento de esta ancestral receta siguen manteniendo la tradición de hacer roscas de Navidad pero solo para uso familiar y no con carácter comercial.
La rosca de Navidad se ha consolidado como un auténtico patrimonio gastronómico local. Su sabor característico es el protagonista de estas fechas tan significativas y ha logrado crear intensos lazos emocionales que tienden un puente entre las diferentes generaciones de nuestro municipio.
Este sencillo producto, elaborado a mano mediante la técnica tradicional de amasado en artesa de madera y cocido en horno de leña, se ha convertido en uno de los sabores más emblemáticos, uniendo la artesanía, la tradición y la cultura de nuestra localidad.


