Dominga María de las Mercedes Lorenzo Álvarez nació en Breña Alta en 1891. Fue la segunda de los nueve hijos de José Antonio Lorenzo y María Candelaria Álvarez, naturales de Breña Alta. Se casó en Villa de Mazo con Bernardo Pérez y poco después ambos emigraron a la provincia de Camagüey, situada en el centro-este de Cuba. Allí nacieron sus hijos Soledad, Francisco (al que llamaban Pancho), Lila Rosa y Lucila.

Debido a la enfermedad que afectaba a los pulmones de su hija Lucila, la más pequeña, decidió regresar a Canarias en 1936, trayendo con ella a todos sus hijos con edades comprendidas entre 3 y 9 años, por considerar más adecuado el clima de estas islas. Su marido se quedó trabajando en Cuba y le mandaba algún dinero cuando podía.
A su regreso, Mercedes la cubana, como comenzaron a llamarla desde que llegó a La Palma, se instaló en la pequeña casa de El Poleal, uno de los barrios de la parte alta de Villa de Mazo, donde había vivido recién casada con su esposo. La vivienda no tenía muchas comodidades, pero disponía de un horno de leña, una era para trillar el grano y, como era habitual en las casas de campo, con anexos para criar cochinos, cabras y gallinas.
Su nieto Antonio García recuerda ver como varias vecinas se juntaban con su abuela en la casa para amasar la harina en un lebrillo grande y hornear luego productos de repostería tradicional usando las latas de envases de aceite a modo de milanas. Junto al horno tenía un fogón en el que tostaba el grano que cosechaba. Recién tostado lo llevaba a la molina de Gilberto y Chona, en El Pueblo. Una vez terminado el proceso de molienda regresaba a casa en forma de gofio que guardaba en una pequeña caja de tea que tenía en la cocina. En ocasiones, las vecinas también se reunían en su casa para usar el pequeño molino de piedra para moler el millo con el que luego hacían el frangollo.
Cosas tan sencillas del patrimonio etnográfico del mundo rural como un horno de leña y un molino de mano no solo servían para garantizar la autonomía nutricional de la familia, sino que funcionaban como auténticos centros de cohesión social estrechando lazos de amistad y buena vecindad, como sucedía con Mercedes y sus vecinas.
El comienzo de una nueva vida con los cuatro hijos en El Poleal coincidió con la guerra civil española y la difícil situación posterior de pobreza generalizada, con escasez de productos de todo tipo, por lo que tuvo que realizar grandes esfuerzos para sacar la familia adelante. Trabajó en la agricultura haciendo todo lo que había que hacer en el campo, labores que en aquella época estaban asignadas principalmente a los hombres.
En las cercanías de su casa cultivaba tabaco, papas, boniatos y otros productos de la huerta. Con el tiempo, también fue adquiriendo algunas propiedades en la costa, en los que tenía unas viñas, tuneras, higueras y durazneros. Otros terrenos situados en zona de monte los usaba para el ganado, para sembrar chochos y cereales, donde también había unos castañeros y otros frutales.
Uno de sus huertos estaba situado no muy lejos de El Poleal, en la zona que se conoce por El Calderón, del barrio contiguo de la Rosa, al que se accede a través de un camino que comunica el Camino Real, por el sur, con el Camino de La Faya por el norte. Se trata de una travesía de unos 330 metros de longitud que, por el uso frecuente de Mercedes, con el tiempo terminó por llevar el nombre de Camino de La Cubana.
Mercedes fue una mujer que se destacó por su fortaleza de ánimo, que además del trajín diario en el campo, ejercía de partera, acudiendo a la mayoría de las viviendas de la zona para atender el nacimiento de los bebés a lo largo de las décadas de los años cuarenta, cincuenta y primeros años sesenta, hasta que se generalizó el uso de los hospitales modernos para esta labor asistencial sanitaria.
Asistía a cualquier hora del día o de la noche allí donde se la solicitaba, para acompañar a las parturientas durante largas horas y ayudarles en esos delicados momentos. Basándose en la experiencia adquirida por trasmisión oral y algunos remedios naturales, ofrecía algo más que apoyo físico, tranquilizaba a la mamá, sobre todo si era primeriza, y organizaba todo para facilitar el parto y su recuperación posterior. Solamente cuando preveía que el parto tenía alguna complicación, mandaba aviso al médico titular, D. Cendeo Méndez (más conocido por D. Arturo, 1907-2003), para que interviniera.
Era otra época, que ahora parece muy lejana en el tiempo, sin embargo, su labor no ha sido olvidada. Les debemos mucho a personas como ella, que hacían un servicio sanitario tan importante en las zonas rurales de nuestra Isla. Cuando había pocas carreteras, inexistentes medios de comunicación y con un solo médico para todo el municipio de Villa de Mazo, intervenían de manera desinteresada para ayudar a evitar complicaciones y fallecimientos, tanto de las madres como de los recién nacidos, en esos momentos tan delicados de dar a luz un nuevo ser. Las parteras como Mercedes realizaron una gran labor, con precarios medios, que no ha sido suficientemente reconocida.

Su nieto Antonio la recuerda, ya anciana, confinada en la cama de su habitación con pocos enseres, destacando un pequeño armario de madera de cedro, donde guardaba algunos recuerdos y rezando con frecuencia con un rosario que guardaba junto a una antigua radio que su hijo Pancho le había enviado desde Venezuela.
Mercedes le contaba historias de antes, refranes y algunos rezados a su nieto Antonio, porque también tenía algo de curandera, como el que servía para curar las verrugas. Le decía “busca un cruce de cuatro caminos, pon en un sobre tantas piedras de sal gruesa como verrugas tengas, suelta el sobre en ese lugar, al tiempo que dirás: con tantas verrugas vengo, aquí las traigo, aquí las dejo y a quien las recoja yo se las presto». Y así desaparecían.





El Camino de la Cubana, el tramo de La Rosa del Camino Real, y el Camino La Espicia, son los tres caminos que tiene en custodia la Asociación Nuevo Surco, que desde 2024 figura inscrita en el VII Inventario de Iniciativas de Custodia del Territorio de España, elaborado por la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico.
El pasado 28 de febrero de 2026 se realizó un acto, en cruce del Camino de La Cubana con el Camino Viejo, donde está previsto colocar una placa con la leyenda: “Mercedes Lorenzo Álvarez, La Cubana, fue una apreciada partera del barrio de El Poleal, durante el segundo cuarto del siglo XX”, para dejar señalado el lugar a modo de reconocimiento a una mujer que ha dejado huella en el municipio y del esfuerzo comunitario realizado en la custodia y salvaguarda del patrimonio que representan nuestros caminos de Villa de Mazo. Esfuerzo llevado a cabo por Nuevo Surco, junto a otras muchas entidades: La Universidad de La Laguna, el Ayuntamiento de Villa de Mazo, el Cabildo Insular de La Palma, la Fundación Reserva de la Biosfera La Palma, el Colectivo de Escuelas Rurales Fuencaliente-Mazo, el IES Villa de Mazo y el Centro Ocupacional Garehagua.







